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domingo, 27 de enero de 2013

Imagínate tú rompiendo el silencio.

Y vuelvo del silencio y de la nada de la mano de un niño de la guerra, de un hombre-escribidor que vio a la muerte muchas veces a la cara. Vuelvo de la mano de José Hierro y me pongo a pensar solo un instante como una hoja a punto de desprenderse del árbol. Me imagino un instante lo que podría ser la vida, la otra, la que anhelo, la que está ahí esperándome aún:
Amanecer Imagínate tú... Imagínatelo tú por un momento. R. A. La estrella aún flotaba en las aguas. Río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente. Y de pronto la mágica música errante en la sombra se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre. Imagínate tú, piensa sólo un instante, piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse. (Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas: maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.) Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche, que eres carne de sombra, recuerdo de sombra; que sombra tan sólo te envuelve. Piensa conmigo «¡tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo, antes que todo se desvaneciese!» Imagínate tú que hace siglos que has muerto. No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres. Procura un instante pensar que tus brazos no pesan. Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes. (¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo!) Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte, abre los ojos: El trágico hachero saltaba los montes, llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques nacientes. El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida. El prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte. De "Agenda" 1991
No quiero decir más, luego de tanto silencio. Vuelvo despacio, de a poco, llevo los diques rotos y la noche es mi mar en el que floto...Escribo poco porque estoy flotando en el viento, desprendida de un árbol... HAgo silencio entonces. Para poder hablar fuerte muy pronto.