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martes, 8 de noviembre de 2011

De sonidos y estrellas.

Leo siempre, no todo lo que quisiera pero sí lo que me subyuga. Hoy, sin embargo me dediqué a disfrutar de otra de mis pasiones –confesables-, la música. No puedo hablar de ella con tanta libertad como lo hago de la Literatura pero si las lecturas que me habitan fuesen melodías, serían esta belleza que estoy escuchando…

La voz del cielo.

Es sobrecogedora la voz de este contratenor francés, Philippe Jaroussky . Escucharlo es sentir la delicadeza del agua corriendo entre las piedras de un arroyo en una mañana de sol, es descender hasta el último rincón del corazón en el que se esconde, agazapado un recuerdo de la infancia, es sentir la vida partiendo la tierra, surgiendo en brotes de renovación.

Podría ser, sin embargo, una voz portadora de tristeza, compuesta de espinas obsesionadas con clavarse en los lugares más sensibles del dolor. Podría ser eso y también la inmensidad, la infinitud, el universo que se abre ingrávido y azul, plagado de estrellas.

Podría adentrarme en explicaciones sobre el origen de esta obra, significados, símbolos y sentidos pero no quiero. Prefiero continuar en mi ascenso,  acariciando estrellas.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Modus scribendi

Me pregunto por qué escribo o por qué deseo escribir más que cualquier cosa en el mundo. No lo sé… Tal vez porque todas las lecturas que  he acumulado a lo largo de los años se han unificado con  mis  latidos,  se han henchido con mi respiración, se han humedecido con mi sudor y mis deseos y ahora que están tan empapadas de mí, quieren resurgir  vivas otra vez pero desde mis pensamientos. No sé por qué quiero escribir con tanta vehemencia… Mi sangre está llena de letras, mis manos están deseosas de estructurar frases con un sentido que aún desconozco: Lorca, Bronte, Borges, Cortázar, Cervantes, Quiroga, Poe, Wilde, Ocampo, Storni, Pizarnik, Vallejos, Paz, Sabines, el Cid, Valery, Verlaine, Puig y miles de escritores más, se revuelcan adentro de mí, me susurran párrafos, me movilizan a la escritura en una especie de esquizofrenia literaria. La voz de Clarice Lispector es la que predomina, será porque me gusta su mirada desolada del mundo. Ella dice:

Y nací para escribir. La palabra es mi dominio sobre el mundo. Yo
tuve desde la infancia varias vocaciones que me llamaban ardientemente.
Una de las vocaciones era escribir. Y no sé por qué, fue ésta la que seguí.
Tal vez porque para las otras vocaciones necesitaría un largo aprendizaje,
mientras para escribir el aprendizaje es la propia vida viviendo en nosotros
y alrededor de nosotros. Es que no sé estudiar. Y, para escribir, el único
estudio es el escribir mismo. Me adiestré desde los siete años de edad para
tener un día la lengua en mi poder. Y, sin embargo, cada vez que voy a
escribir, es como si fuera la primera vez. Cada libro mío es un estreno
penoso y feliz. Esta capacidad de renovarme toda a medida que el tiempo pasa es lo que yo llamo vivir y escribir.

No sé si mi vocación por las palabras surgió tan pronto en mi vida como en la de Clarice Lispector o todo lo que he leído pugna por salir como la presión de los volcanes, pero concuerdo en que uno empieza a escribir en el  escribir mismo, en la práctica constante, en la necesidad de decir cosas o la necedad de decir cosas. Definitivamente,  no tengo la lengua en mi poder, definitivamente me falta mucho para poder llenar de belleza mis textos, de transmitir la injusticia o la brutalidad o la ternura como lo hace Lispector, siempre escribir va a ser una pobre primera vez, pero en algún momento debo empezar… Si vivir es escribir, apenas estoy aprendiendo a vivir, ¿Cómo haré para aprender a escribir?