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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Que lo Plath no quite lo Sexton.

Soy una ciega, soy una ciega, soy una ciega me repetí mil veces cuando me di cuenta que no la había visto nunca, que había pasado a su lado incontables veces, que la había intuido, que había llegado casi hasta tocar su puerta pero no lo traspasé. Soy una ciega porque por ver a Silvia Plath nunca vi a Anne Sexton.
Fueron compañeras de taller literario. Dicen las malas lenguas de la red, que competían por el mejor poema en sus sesiones como talleristas. Compartieron la misma suerte: el suicidio y tal vez un poco del mismo desequilibrio.
Hoy volví a pensar en Sexton, la que quedó opacada ante mí por la otra, la de los globos que revientan cuando termina la infancia.
Volví a pensar en Sexton y en un poema que me martilla en la cabeza:




The ballad of the lonely masturbator
La balada de la masturbadora solitaria

The end of the affair is always death.
She's my workshop. Slippery eye,
out of the tribe of myself my breath
finds you gone. I horrify
thouse who stand by. I am fed.
At night, alone, I marry the bed
Finger to finger, now she's mine.
She's not too far. She's my encounter.
I beat her like a bell. I recline
in the bower where you used to mount her.
You borrowed me on the flowered spread.
At night, alone, I marry the bed.

Take for instance this night, my love,
that every single couple puts together
with a joint overturning, beneath, above,
the abundant two on sponge an feather,
kneeling and pushing, head to head.
At night alone, I marry the bed.

Ibreak out of my body this way,
an annoying miracle. Could I
put the dream market on display?
I am spread out. I crucify.
My little plum is that you said.
At night, alone, I marry the bed.

Then my black-eyed rival came.
The lady of water, rising on the beach,
a piano at her fingertips, shame
on her lips and a flute's speech.
And I was the knock-kneed broom instead.
At night, alone, I marry the bed.

She took you the way a woman takes
a bargain dress off the rack
and I broke the way a stone breaks.
I give back your books and fishing tack.
Today's paper says that you are wed.
At night, alone, I marry the bed.

The boys an girls are one tonight.
They unbutton blouses. They unzip flies.
They take off shoes. They turn off the light.
The glimmering creatures are full of lies.
They are eating each other. They are overfed.
At night, alone, I marry the bed.

Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.

De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndos en la playa,
en la yema de los dedos un piano, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.

Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen las piedras.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que os habéis casado.
De noche, sola, me caso con la cama.

Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Impactante.. Sexton se suicidó en el 74. Tal vez por este poema me quedé ciega, tal vez porque a la sociedad del norte, esa que es la más pura entre las puras, le había salido una hija que se masturbaba y lo confesaba en forma de poema. Una hija a la que había, si no que callar, al menos, bajarle un poco el volumen de su diatriba poética.
Es un poema-cachetada. Duele, perturba, dejá al descubierto una arista femenina que se quiere callar: que las mujeres también recurren a mecanismos de autoerotismo.
Nunca pierde el tono literario aunque es un tema escabroso. Comienza haciendo alusión a la muerte final y definitiva y a la otra, la que se da con cada orgasmo, la petit mort de los franceses, el momento de disolución total y de entrega hacia el infinito. Cuando el cuerpo deja de ser cuerpo y se hace parte de las estrellas que se agrupan en la vía láctea (De esta forma escapo de mi cuerpo,/un milagro molesto, ¿Podría poner/en exibición el mercado de los sueños?/Me despliego. Crucifico.). A esa muerte se refería y a la otra, la que llegó después; la que vino para salvarla de la soledad y la locura.
Más adelante, en el poema, dice: "y yo me rompí como se rompen las piedras". ¿Dónde, dónde quedó la mujer autosatisfecha, la que no necesita de nadie, la pétrea, la realizada, la que asumió su soledad? QUedó partida, frágil, sola, con el recuerdo de un marido que se cosificó (volviéndose cama) hasta cosificarla a ella: muerte, cuerpo, milagro,piedra, soledad.
La Sexton tan cambiante como un caleidoscopio y yo, ciega.

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