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jueves, 9 de septiembre de 2010

De patrocleas, hefestionas y Crucinas.

He cenado con mis amigas. Las de siempre, las que son a prueba de balas, a prueba de todo. He cenado con mis amigas y charlamos sobre todas esas cosas que nos unen y nos desunen. No es que seamos el colmo de la unidad, pero estamos ahí cuando una necesita de la otra.
La vida me ha regalado grandes amigas; unas están cerca, a mi lado. Otras, no están a mi lado pero están en mi vida, en mi corazón, en mis pensamientos. Todas son igualmente importantes. Me puse a pensar en los amigos de la Literatura. Patroclo y Aquiles, por ejemplo.
"Aquileo, vástago de Zeus, dejó su lanza arrimada a un tamariz de la orilla; salto al río, cual si fuese una deidad, con solo la espada y meditando en su corazón acciones crueles, y comenzó a herir a diestro y a siniestro: al punto levantóse un horrible clamoreo de los que recibían los golpes, y el agua bermejeó con la sangre. Como los peces huyen del ingente delfín, y, temerosos, llenan los senos del hondo puerto, porque aquél devora a cuantos coge; de la misma manera, los teucros iban por la impetuosa corriente del río y se refugiaban, temblando, debajo de las rocas. Cuando Aquileo tuvo las manos cansadas de matar, cogió vivos, dentro del río, a doce mancebos para inmolarlos más tarde en expiación de la muerte de Patroclo Menetíada. Sacólos atónitos como cervatos, les ató las manos por detrás con las correas bien cortadas que llevaban en las flexibles túnicas y encargó a los amigos que los condujeran a las cóncavas naves. Y el héroe acometió de nuevo a los teucros, para hacer en ellos gran destrozo." Aquiles mata porque sufre, Aquiles mata porque la ira lo ciega y la venganza le arde en la sangre. Aquiles ya no es Aquiles, es lo que quedó luego de la muerte de Patroclo, su amigo del alma, su doble, su otro. Había decidido no volver a matar pero no puede dejar impune la muerte de su amigo y la venganza toma fuerza y crece y crece. Nunca pudo recuperarse de la muerte de Patroclo y mucha fue la sangre, que era como sus lágrimas y que cubrían la tierra de dolor. Patroclo había muerto, su amigo había muerto. Aquiles se había quedado con medio corazón.
Pienso en Alejandro Magno y en Hesfestión, amigos inseprables que libraron las batallas más tremendas, tuvieron que salir de Macedonia desterrados por el rey y padre de Alejandro,Filipo, en busca de nuevos horizontes. Estaban juntos siempre, Hefestión es el menos recordados de los compañeros de Alejandro pero sin duda, al que este tenía en mayor estima. Cuando entraron en Perisa, la reina madre SIsigambis, se arrodilló ante Hefestión pensando que era Alejandro. Al notar el equívoco, la anciana mujer se conturbó pero Alejandro la calmó diciéndolo:"No te has equivocado. Él también es Alejandro". AMigos que estuvieron siempre, en los momentos más complejos, cuando la noche es negra y el futuro incierto, cuando es necesario escuchar la voz de un amigo para que nos quite la tristeza, para que nos escuche o para que simplemente nos preste su abrazo fuerte que nos consolará de la angustia. Así son mis amigas. Todas.
y ¿qué hay de Frodo Bolsón y de Sam Gamyi? ¿Y de Jane Eyre y Helen Burns? ¿Tom Sawyer y Hucklberry Finn? ¿Amadís y Galaor? ¿Y de las amigas que apareen en todas las novelas de Marcela Serrano? ¿Tita y Nacha en Como agua para chocolate?
No puedo cerrar esta entrada sin hablar de quienes para mí, representan a dos amigos nobles. Perseguidos por la justicia, sin trabajo, muertos de hambre la mayoría del tiempo, renegados, rechazados por la sociedad, olvidados por el amor y desencantados de la vida, aparecen Martín Fierro y Cruz. Los dos gauchos amigos que se conocen de una interesante forma: Cruz pertenecía al escudrón de policías que perseguía a Martín Fierro, una noche lo encontraron y estaban a punto de apresarlo pero Fierro se les enfrentó. A todos. Solo con su facón y su coraje. A punto estaba ya de morir cuando uno de los polícías, Cruz, se apiadó de él y se puso de su lado:
"Pero en ese punto mesmo
Sentí que por las costillas
Un sable me hacía cosquillas
Y la sangre se me heló.
Dende ese momento yo
Me salí de mis casillas.

Dí para atrás unos pasos
Hasta que pude hacer pié,
Por delante me lo eché
De punta y tajos a un criollo;
Metió la pata en un hoyo
Y yo al hoyo lo mandé.

Tal vez en el corazón
Lo tocó un Santo Bendito
A un gaucho, que pegó el grito
Y dijo: "¡Cruz no consiente
Que se cometa el delito
De matar ansi un valiente!".

Y ahi no mas se me aparió,
Dentrándole a la partida;
Yo les hice otra embestida
Pues entre dos era robo,
Y el Cruz era como lobo
Que defiende su guarida.

Uno despachó al infierno
De dos que lo atropellaron,
Los demás remoliniaron,
Pues íbamos a la fija,
Y a poco andar dispararon
Lo mesmo que sabandija.

Ahi quedaban largo a largo
Los que estiraron la jeta,
Otro iba como maleta,
Y Cruz de atrás les decía:
"Que venga otra polecía
A llevarlos en carreta"."
Es fabuloso el momento en que Cruz da su grito eterno: "Cruz no consciente que se cometa el delito de matar así a un valiente" y se pasa al otro lado, a convertirse definitivamente en un vagabundo, proscrito y perseguido. Ese día nació una amistad entrañable que solo terminó con la muerte de Cruz debido a la viruela.
Así son los amigos, no? Muchas veces están dispuestos a dar lo que no tienen por uno, a hacer sacrificios, a esperarnos, a ubicarnos en el mundo y en la vida. Creo que los amigos se ganan, y yo debo ser muy afortunada porque tengo a las mejores del mundo.

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